No hay derecho

September 21st, 2009 hilario Posted in Articulos, Relatos cortos | No Comments »

¡Clama al cielo! Pero… ¿en qué País vivimos? En un mundo que no se puede dar un paternal cachete a un joven, – al contemplarse como agresión con amenaza de cárcel por maltrato – luego van los guardianes del orden y emplean mano dura por una simple trastada acaecida en un tranquilo pueblo como es Pozuelo de Alarcón. No hay quien lo entienda. Estamos perdiendo el sentido del humor. Si el mundo es triste de por sí, ¿a qué viene tal cabreo cuando el joven se divierte? ¿Qué mal hace un pijo junto a su Mercedes o Audi compartiendo con sus exquisitos amigos espléndido licor de mezcla en recipiente de considerable volumen, mal llamado botellón que eso es de pobres? Ni que decir tiene que ellos, por su clase o condición, no pueden exponerse a pagar a cojón de mico líquido de garrafón, purgante idóneo propicio para provocar la más vulgar diarrea. Y mirándolo bien, ¿A quién hacen mal con sus alborotos dando vida y utilidad a los parques, descampados o explanadas? No me digan que no da gusto ver como se incrementan en nuestros Ayuntamientos las plantillas con cuadrillas de barrenderos que dejan luego los “bebódromos” como patenas.

Luego para lo que pasa. Es una ignominia que una autoridad encargada de administrar justicia, para escarnio paterno de familias de bien, dicte la ejemplar condena consistente en aguantar a sus pobres lebreles en casa, a partir de las diez de la noche, durante tres meses. ¡No hay Derecho! Estas honorizables familias de Pozuelo de Alarcón, moradores del pueblo que con toda seguridad ostenta ser el de mayor renta per cápita, no se merece tal afrenta. Que van a hacer esos infortunados hijos encerrados en su mansión, donde solo disponen de mil metros cuadrados por cabeza. Que van a pensar estos jóvenes – hoy incomprendidos sociales, no tardando padres de la Patria – de esta sociedad que emplea sobre ellos con todo rigor la vara de la justicia. ¿Por qué a ellos se les impide conocer la diversión y la juerga de este País de pandereta durante noventa noches? ¡No hay derecho! Claro está que se pretende que sean cabeza de turco para escarmiento generalizado de una juventud incomprendida. Si total, los vigorosos jóvenes mezclados entre la chusma no emplearían más allá de tres horas en prender fuego a un coche de la policía mal estacionado y otros dos más destrozados con el fin de que se renueve la flota. Sin contar algún que otro contenedor maloliente, cuatro o cinco papeleras atiborradas de despojos y cristales de las marquesinas de autobuses que en cuanto te descuidas algún que otro colectivo empaña con reivindicaciones a lo pobre. ¿A qué viene tanto alboroto en los medios de comunicación? ¿Es qué no tienen otra cosa de qué opinar psicólogos, hablar tertulianos o sopesar políticos desde su prisma de conveniencia? ¡Exagerados, tendenciosos, mojigatos! Digan lo que digan, no fue para tanto. Si la batalla campal celebrada para honrar al Patrón tan sólo se saldo con dos agentes de la Comisaría de Pozuelo maltrechos, un malparado Municipal sin mayor importancia, y tan sólo siete agentes de la Unidad de Intervención Policial con lesiones, de los que únicamente dos, por su gravedad, tuvieron que ser trasladados a un centro hospitalario. Además, que sabrán los que opinan de la emoción que se siente cuando arropado en dos centenares de colegas trata uno de saltar el muro perimetral de la Comisaría. O es que sus padres olvidan la que prepararon el mayo del 68. No creáis.. en esta ocasión también tuvieron que emplearse a fondo con un dispositivo policial bien organizado. Si no es por eso, los valientes jóvenes hubieran tenido éxito en la toma del edificio.

Con este estado de represión no es de extrañar que estadísticamente los jóvenes españoles – entre los que no faltan los más pudientes – sean los menos espabilados de la clase de toda Europa, junto con los vecinos portugueses que para eso, por ambas sociedades, corre sangre ibérica.

Hilario Álvarez Valentín

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