¡Vaya, por Dios¡

December 15th, 2008 ...sErGiO... Posted in Articulos, Relatos cortos | No Comments »

Jesús, el de Galilea, se hizo hombre para luego vivir como Dios. Los celestes asesores de imagen prepararon para el alumbramiento un más que modesto pesebre sin necesidad de acudir a un millonario decorado del Barceló de la época para ornamentar el portal de Belén con cúpulas ambiciosas. Era cuestión de presentarle como el Salvador, – con apariencia de Rey de los pobres- y lo consiguieron con creces. Eso sí, Reyes llegados de lejos le trajeron sus presentes. Era cuestión de hacer honor al coetáneo de estirpe que habitaba entre nosotros. El caso es que tal acontecimiento supuso – para ese pueblo judío acostumbrado a las plagas y holocausto- la sangría de una incomprensible cantidad de niños inocentes sin nombre que aportar a la Historia. ¡Vaya, por Dios¡ Con el tiempo – ya mozo- se fue de entre nosotros sin dejarnos en Paz.

Como si hubiera llegado a la conclusión de que nos las apañáramos los humanos, nosotros solos, dejados de la mano de Dios. Cómo si el hombre hubiera llegado a la conclusión de que este era un mundo sin remedio, mundo civilizado donde al día de hoy – solamente en Latinoamérica- aumentan los niños explotados en 228 cada hora, sin que nos afecte el sonrojo.

Sin ir más lejos: los hijos de Judea – ese pueblo condenado a vivir errante por el mundo como pueblo sin tierra- tras seis días de gloria de los ejércitos del Tsahal – en aquel paseo militar sin precedentes de las fuerzas hebreas que tuvo su inicio el 5 de junio de 1967- extendía sus dominios ocupando el Sinaí egipcio, la franja de Gaza, Cisjordania, la ciudad vieja de Jerusalén y los Altos del Golán sirios. Fue el principio – al que no se le ve fin- de hostilidades donde no faltan los niños que caen como moscas o – en el mejor de los casos condenados a vivir en un seno familiar mutilado y alimentado por los odios. Ni que decir tiene que se nos ponen los pelos como escarpias a quienes vemos con asombro – cuando los vaivenes de lucidez nos dejan- cómo tres millones de niños –entre seis y catorce años- son explorados laboralmente en México. La noticia suaviza desde el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, donde se destaca que, de 1998 a 2003, el índice de los Derechos de los Niños mejoró de 4,68 al 5,71 – sobre una escala de 10- en ese país que tanto nos ha hecho reís con la moralina del estrafalario Cantinflas. ¡Se nos debería de caer la cara de vergüenza¡ Al igual que por el incremento que en los últimos diez años sufre la población de las favelas brasileñas donde, hacinada sin agua potable y sin luz en la pobreza extrema, hay niños que son abatidos como ratas por el pecado de haber nacido entre la miseria.

Situémonos en África, donde se vive un infierno. Con esa conflictividad interna que desencadenan los conflictos étnicos en la región de los Grandes Lagos. Con miseria a mansalva en las Regiones Subsaharianas, aunque los magnates exhiban toda clase de lujos. Con el Congo sumido en una guerra de etnias por gestionar la pobreza, donde nadie se atreve a hacer balance de sus muertos, mientras vemos a madres y niños hacinados en campos de refugiados. Sin olvidar que, en el llamado Cuerno de África: Etiopia vive en constantes revueltas, Somalia sumida en una guerra civil que desde el 88 sigue en curso, con Eritrea sufriendo constantes disputas. Y como de humanidad andamos escasos, basta decir que 300.000 millones de dólares se llevan gastados en conflictos en este continente, en vez de emplearlos para matar el hambre que tanto acucia. Sólo queda esperar que Barack Husein Obama – aunque sólo sea por coincidencia en el color- se apiade de ellos.

Para qué seguir con otro continentes y enclaves –léase Afganistán o Irak- donde la humanidad incomprensiblemente degrada su condición de animal, ya que – con ayuda o sin ella – es capaz de destruir a su propia clan, a su misma raza.

Sigamos pues, cantando por el chiquirritín que ha nacido entre pajas “chiquitín, chiquitito del alma”. Continuemos una Navidad más, aclamando gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad. Paz que creo que alcanzara a menos afortunados que premiados con el gordo de la Lotería Nacional. Y pese a todo: Feliz Navidad. Que al pensar en los deseos de un próspero año, os juro, que me entra la risa.

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