¡Viva el Eufemismo!

16 de June, 2008

Se achaca a Albert Einstein la frase: “Si tú intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre”. Vaya pues este escrito en tal sentido. Si el genio me deja. No sé. Sigo con Einstein: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Mes de Mayo. Me siento un capullo. Estoy como el tiempo: inestable. La culpa: una amenaza de quiebra de mi economía doméstica. Sobre mí se desprenden como chuzos, turbios nubarrones. Como decía mi abuela: no hay clara que no sea puta ni puta que sea clara.  Y así me va. Por mucho que digan los expertos, según todos los indicativos no hay bonanza en lontananza ¡Que Dios me pille confesado!

Veo la tele al mediodía. A los postres. No puedo evitar que se me revuelva el estómago. Digo yo que si no tendría otro momento para abrir las cartas. Todas de bancos. Seleccionadas de mi buzón entre folletos de propaganda.  Eso sí, a primera vista noto como gentilmente me tratan de distinguido cliente. Mas, la apreciación, hoy no alimenta mi ego. Tras comprobar el estado de mis cuentas me dan ganas de subirme por las paredes. El saldo resultante, aún sin hacer frente a todas las facturas que no cesan, es harto irrisorio. Mientras tanto, rasca que te rasca los bolsillos, que no tienen más que rotos. Pero el bueno del Ministro de Economía, para tranquilizarme, declara que no vivimos en crisis, sino en “desaceleración significativa”. ¡Ele sus cojones! Perdón por la expresión, señor Solbes. Supongo que una vez dicho, se habrá quedado tan pancho bailando el chiqui-chiqui en su piso de barrio de treinta metros, adquirido a sugerencia de la brillante Ministra del ramo. No me extraña que no sepa ni él, ni los suyos, lo que vale un café. Menos, lo que cuesta un peine. Dudo que los fines de semana vayan al supermercado a llenar el carro con la lista de ofertas de la mano. Y como tienen coche oficial, estoy en la absoluta convicción de que no necesitan fijarse en los precios que marca el surtidor cada vez que se visita al gasolinero. El hombre es tan atento y comprensible que hasta parece que me mira con cara de pena.

Los padres de la Patria tienen un morro que se lo pisan, sean del color que sean. Mientras tanto nos anuncian sus dádivas. Como los cuatrocientos euros a plazos por el triunfo en el último sufragio. A saber como nos lo cobrarán. Seguro que con creces. A través de impuestos, directos, indirectos y circunstanciales. Ah. Y la señora ministra de Defensa, mientras tanto, con 2500 euros más. Gracias al parto de esa hermosa criatura que seguro que vino con su pan debajo el brazo. Enhorabuena. Lo cortés no quita lo valiente. Yo, mientras tanto, dándole vueltas a mi declaración de la Renta. No hay manera de que me salga satisfactoria. El caso es que Hacienda somos todos y yo nunca llego al reparto. Al menos, de forma que lo note.

Los políticos son todos discípulos aventajados de Maquiavelo. Sin rubor nos venden humo con el mayor de los descaros. Lógico que no haya por donde hincarle el diente. Ahora resulta que la culpa de mis males económicos la tiene la construcción. Mira por donde: cuando ni por asomo pienso en comprarme vivienda. Eso sí, ahora que sabemos que los ricos también lloran, no olvidamos que mientras llenaban sus bolsillos a espuertas se callaban como putas. Mis más sinceras disculpas si se sienten ofendidas las trabajadoras del amor. No es mi intención. Y no hablemos del petróleo. Ahora sé porque los árabes se tapan la boca con turbantes: para escojonarse de risa. “Es que el mercado es libre” dice nuestro Gobierno. Por eso Cepsa y Repsol, con los que nos gastamos una pasta todos los españoles para que sean empresas competitivas, tienen beneficios netos que enrojecen al mundano contribuyente. No hay dios que les entienda. Espero que a ellos también les lleven los demonios.

Como estoy de un soez que no me aguanto, pensé en dejar las florituras literarias para ocasión más propicia  No obstante, ¡viva el eufemismo! No se engañe nadie. Si hay una guerra: ya no hay víctimas civiles, sino daños colaterales. En el mundo laboral: ya no se producen despidos, se hace política de flexibilización del mercado laboral. Actualmente: no hay crisis, más bien es desconfianza en los mercados. En los Bancos: no hay impagados, son fallidos. Si los ricos evaden impuestos es que protegen sus fortunas en paraísos fiscales. Si la fruta, el pescado y la carne se pone a cojón de mico, es que se produce un realineamiento de precios.

Y la vida sigue con el horizonte nebuloso. Que se lo pregunten a “mileuristas”, jubilados de larga duración o viudas con la pensión en su mínima expresión. Desde que nos vendieron el euro como bicoca, bien que nos joden  Pero actualmente es peor. Hasta el punto que llegar a fin de mes es toda una odisea Ni siquiera, en este mes de mayo, que escribo estas líneas, se puede decir con rotundidad que siempre que llueve escampa, cuando el agua amenaza llegarnos al cuello. Dirán que la primavera altera. No es mi caso. Sin embargo, como está en boga, puestos a recordar eufemismos se me ocurre que digan lo que digan los políticos, como no me convencen sus camelos, que se vayan a tomar por donde la espalda pierde su buen nombre. Seguro que ellos dirán de mí: con su pan se lo coma. También llego a la conclusión Albert Einstein: “Cada día sabemos más y entendemos menos”.



Publicado en Articulos, Relatos cortos | 1 Comentario »