Que pena

18 de December, 2009

A Aitana no hay Dios que le devuelva la vida. ¿Capricho del destino? ¿Culpa de la mala suerte? ¿Mártir del Sistema? ¿Víctima inocente de la negligencia al uso? ¿Criatura damnificada al azar para dar ejemplo de cómo se ejerce la práctica del sin sentido? ¿Irreparable vergüenza de una sociedad sujeta a las normas en la que el individuo es lo que menos cuenta? A la ira del momento, que es vox populi, le sucederá el olvido. La vida sigue. Pronto, sumidos en nuestras propias cuitas, arrancaremos páginas del álbum del recuerdo y renovaremos la mente con nuevas miserias. Aitana ya no estará presente en el recuerdo. no podrá jugar en los espacios públicos. Nadie podrá juzgar ya su torpeza en el tobogán del parque. Ya no será nunca motivo de comidilla de quienes, sin el menor escrúpulo, ante casos semejantes, seguirán columpiándose.

Belén ha sido castigada a sufrir de por vida como madre el dolor indescriptible por la pérdida del fruto de su vientre. Ahora es unánime el hacerse solidario con su desconsuelo. Actualmente, hipócritamente todos dirán compartir su pena, como si fuera posible. Días atrás, ¿quién no ha escuchado a más de un cretino - abundan cómo piojos – criticar con mala baba su dotes como madre, el hecho de dejar, a saber en qué manos los cuidados de su hija? Errar es de humanos. La habladuría es un arte en poder de las gentes. Difamar es un ejercicio cotidiano que se practica asiduamente con descaro.

En cuanto a Diego, dudo que recupere la lucidez ya que está condenado de por vida a vivir en un mundo de locos. Y ahora ¿qué?.  ¿Cómo se subsana el agravio sufrido por Diego al ser víctima de guardianes de la justicia que sin rigor ni piedad se emplean con exceso de celo a aplicar el macabro ejercicio de la tortura? De nada sirve que Amnistía Internacional nos ponga sobre aviso. ¿De qué manera pagará esta Sociedad sin escrúpulos, que con todo atrevimiento se erige en verdugo de cualquier ser que sin prueba de delito es tachado de reo? Si cae en manos del pueblo, hubiera sido linchado sin piedad. ¿Quién puede fiarse de unos medios de comunicación que proclaman velar por la justicia, la libertad y el orden y utilizan, en la búsqueda de su credibilidad, el infundio para poder ir subsistiendo? ¿Dónde están esos políticos que piden que depositemos en ellos nuestras esperanzas? ¿Hasta cuando, en auténtico acto de fe les confiaremos el voto, aún a sabiendas de que nunca serán capaces de involucrarse en hacer un mundo más justo?

El delito de Diego es haber nacido en el seno de una familia humilde. Ser carne de paro. Crecer como bicho viviente sin posibles. Si fuera un oligarca, un ser de noble estirpe, un honorable representante de Dios en la tierra, un mafioso al uso, un embaucador con mando… no habría celda en donde cobijarle y estaría vacunado contra la deshonra pública.

Por desgracia, siguen vigentes en esta Sociedad moderna las coplas de León Felipe:

¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas,
¡y los mismos poetas!
¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera

Hilario Álvarez Valentín



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No hay derecho

21 de September, 2009

¡Clama al cielo! Pero… ¿en qué País vivimos? En un mundo que no se puede dar un paternal cachete a un joven, - al contemplarse como agresión con amenaza de cárcel por maltrato - luego van los guardianes del orden y emplean mano dura por una simple trastada acaecida en un tranquilo pueblo como es Pozuelo de Alarcón. No hay quien lo entienda. Estamos perdiendo el sentido del humor. Si el mundo es triste de por sí, ¿a qué viene tal cabreo cuando el joven se divierte? ¿Qué mal hace un pijo junto a su Mercedes o Audi compartiendo con sus exquisitos amigos espléndido licor de mezcla en recipiente de considerable volumen, mal llamado botellón que eso es de pobres? Ni que decir tiene que ellos, por su clase o condición, no pueden exponerse a pagar a cojón de mico líquido de garrafón, purgante idóneo propicio para provocar la más vulgar diarrea. Y mirándolo bien, ¿A quién hacen mal con sus alborotos dando vida y utilidad a los parques, descampados o explanadas? No me digan que no da gusto ver como se incrementan en nuestros Ayuntamientos las plantillas con cuadrillas de barrenderos que dejan luego los “bebódromos” como patenas.

Luego para lo que pasa. Es una ignominia que una autoridad encargada de administrar justicia, para escarnio paterno de familias de bien, dicte la ejemplar condena consistente en aguantar a sus pobres lebreles en casa, a partir de las diez de la noche, durante tres meses. ¡No hay Derecho! Estas honorizables familias de Pozuelo de Alarcón, moradores del pueblo que con toda seguridad ostenta ser el de mayor renta per cápita, no se merece tal afrenta. Que van a hacer esos infortunados hijos encerrados en su mansión, donde solo disponen de mil metros cuadrados por cabeza. Que van a pensar estos jóvenes - hoy incomprendidos sociales, no tardando padres de la Patria - de esta sociedad que emplea sobre ellos con todo rigor la vara de la justicia. ¿Por qué a ellos se les impide conocer la diversión y la juerga de este País de pandereta durante noventa noches? ¡No hay derecho! Claro está que se pretende que sean cabeza de turco para escarmiento generalizado de una juventud incomprendida. Si total, los vigorosos jóvenes mezclados entre la chusma no emplearían más allá de tres horas en prender fuego a un coche de la policía mal estacionado y otros dos más destrozados con el fin de que se renueve la flota. Sin contar algún que otro contenedor maloliente, cuatro o cinco papeleras atiborradas de despojos y cristales de las marquesinas de autobuses que en cuanto te descuidas algún que otro colectivo empaña con reivindicaciones a lo pobre. ¿A qué viene tanto alboroto en los medios de comunicación? ¿Es qué no tienen otra cosa de qué opinar psicólogos, hablar tertulianos o sopesar políticos desde su prisma de conveniencia? ¡Exagerados, tendenciosos, mojigatos! Digan lo que digan, no fue para tanto. Si la batalla campal celebrada para honrar al Patrón tan sólo se saldo con dos agentes de la Comisaría de Pozuelo maltrechos, un malparado Municipal sin mayor importancia, y tan sólo siete agentes de la Unidad de Intervención Policial con lesiones, de los que únicamente dos, por su gravedad, tuvieron que ser trasladados a un centro hospitalario. Además, que sabrán los que opinan de la emoción que se siente cuando arropado en dos centenares de colegas trata uno de saltar el muro perimetral de la Comisaría. O es que sus padres olvidan la que prepararon el mayo del 68. No creáis.. en esta ocasión también tuvieron que emplearse a fondo con un dispositivo policial bien organizado. Si no es por eso, los valientes jóvenes hubieran tenido éxito en la toma del edificio.

Con este estado de represión no es de extrañar que estadísticamente los jóvenes españoles - entre los que no faltan los más pudientes - sean los menos espabilados de la clase de toda Europa, junto con los vecinos portugueses que para eso, por ambas sociedades, corre sangre ibérica.

Hilario Álvarez Valentín



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Viene a cuento

3 de July, 2009

En rumor, que toma forma de convertirse en vox populi, se hace eco la presunción de que hay sobrados indicios de que Zapatero adquiera protagonismo en el municipio por su participación en el certamen literario en prosa, cuyas bases recientemente se han publicado. De tal revelación se suscitaron en mí iniciales reticencias a ser partícipe del concurso. Sin embargo, un amigo me despejó dudas.

- Presenta tu obra. Por ése, no temas. No puede ser posible. Zapatero se extiende en demasía y aquí se pide cuento corto.

De Zapatero y sus dotes, cuentan que en campaña electoral, en una de sus visitas para actual como cabeza de cartel en el acto programado para provocar exaltación en las masas, le presentaron a Jaimito.

- ¡Ah!. ¡Sí!. Jaimito. El de los cuentos - atento y correcto espetó el Presidente.

- Se equivoca, señor. Yo soy el de los chistes. El de los cuentos es usted - respondió Jaimito con todo respeto.

Cierto o no, el hecho es que cada vez es más reconocido como un hombre de fábula.

Puesto a contar, respecto a la crisis me dicen que la titular de la cartera de Hacienda, al tomar posesión como Ministra, le comentó al Presidente la preocupación ante la tozudez de los bancos, obstinados en no dar facilidades a la hora de conceder créditos, con la repercusión negativa que tal postura tiene para cumplir con el objetivo de calentar la economía. Zapatero, con grazejo, dijo:

- Non problem. Manos a la obra: lo resuelvo en un pis-pas dijo Zapatero para tranquilizarla.

Con ánimo de salir victorioso en el envite, nuestro querido Presidente dirigió sus pasos hasta una entidad bancaria. Departiendo con el Director, cuatro hombres, armas en mano, entraron en el edificio y echaron el alto, al grito de “quieros todos, esto es un atraco”.

Zapatero, al observar a los individuos, con paso firme se acercó a ellos.

- Perdonen. Debo amonestarles. En el acto que en el uso de sus libertades pretenden llevar a cabo, siento decirles que no cumplen con la Ley de Igualdad. No hay mujeres entre ustedes - les comentó amablemente el Presidente pero con gesto que hacía entendible la reprimenda.

Ante la evidencia, se miraron entre ellos. Con paso decidio, tras girar sobre sus talones, abandonaron el establecimiento bancario. Poco después, tres miembros de la banda, acompañados de dos mujeres, volvían a la carga en sus intenciones.

- Señor Presidente. Hágales ver que no pueden perpetrar sus intenciones ya que no cumplen con la condición de paridad en la banda - observó de inmediato el avispado director nada más verles.

Zapatero, cerciorado del certero comentario, se arrimó a los animosos atracadores, se hizo con una de sus armas y, acto seguido, disparó sobre uno de ellos, alcanzándole una pierna.

Satisfecho les miró a los ojos y ufano alzó su voz convencido de haber dado al problema respuesta.

- Ahora sí, compañeros. Adelante. Nadie podrá dudar que en su empresa se muestran como ciudadanos respetuosos con la Ley de Igualdad: Dos hombres, dos mujeres y un descapacitado.

Cuentan que el día de las últimas elecciones generales de España, una señora dio a luz a una hermosa niña. Para poner el nombre a la criatura, espero hasta saber el escrutinio. Al fin se decidió por el nombre: Socorro.

Lo decidió al saber que había ganado el PSOE. La matrona, al enterarse, desconcertada preguntó al respecto:

- ¿Y sí hubiera ganado el PP?

A lo que la madre respondió:

- Milagros, señora. Milagros.

Hilario Álvarez Valentín



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Lola

31 de March, 2009

Cuando esto escribo, me apresto a tomar mi desayuno y percibo, como con un cierto desdén repara en mi presencia desde la distancia. Ella me observa fijamente. Con los ojos clavados: mira y calla. El día, no se ha sacudido del todo sus sombras y reconozco que a esas primeras horas de la mañana, no estoy para nadie. Como si en casa fuera ser ausente. Pero entre ese evidente mal humor que acompaña a mis despertares con dolor por la artrosis alojada en mis huesos, para a pensar que revuelos en su cabeza loca la tendrán ocupado el pensamiento.

Pronto, despunta el alba. Ya sin ton ni son, como si la hubieren dado cuerda, con su locuaz verborrea, logra aturdirme con la amenaza de volverme loco. Durante el día, tampoco hay humano que la aguante. No he probado, pero me arriesgo a aventurar que no calla ni debajo del agua.

Parecía tímida, pero tomó confianza y ahora abusa: le da al pico como nadie. Pretendí enseñarle que un atisbo de luz no supone ser hora para armar alboroto, lo que parece no entender su cerebro insignificante como un grano. No respeta las normas sobre ruidos y, cualquier noche, en casa, sin aviso, se presentan los uniformados municipales. Se obstina, sin razón ni medida, en dar el cante. En hacerse oír por los vecinos del portal. Sin exagerar, apuesto a que no hay otro bicho viviente alrededor con tal prosapia, tan molesto y tan cansino. Luego dicen que es bueno darle libertades.

Se trata de mi Lola. Admití hacerla un hueco en mi corazón. A que ocupara mi soledad por la ausencia de mi adorada ninfa, largamente llorada cuando de forma súbita pasó a mejor vida al emprender, sin previo aviso, su largo vuelo sin retorno. La acogí con ternura haciéndola participe de mi hogar. La vi y quedé prendado. No parecía pájaro de mal agüero. Ni esa guarrilla que ahora por donde va deja rastro. La acogí con ternura haciéndola participe de mi hogar. Tenía en su expresión el aspecto de huraña. De ser huidizo, errante y sin dueño. Sin embargo, me hablaron de que era sumisa. Que seguramente, al ser alma sin dueño, su aspecto se debía más a la desconfianza de poderse librar de su sino, al tener enjaulado hasta la más remota ansia de libertad que hubiere podido auspiciar en sus sueños. ¡Valiente pájara acogí en mi seno! Como un tonto, me cautivo apenas conocernos. Recuerdo que aquel era día señalado por ser contemplado en calendario, jornada reivindicativa de la mujer en pos de sus internacionales derechos.

Nada más pertenecerme, le puse en su sitio e inicie mis cábalas en un intento de lograr cuanto antes mi dominio sobre ella. Desde un primer momento, urdí mis planes conforme a manuales al uso. A favor de una cordial convivencia, pensé en hacerla pronto la reina del hogar empleándome con especial señorío en amoldar su vida a mis caprichos. Con pericia y derroche de paciencia, entendía que sería capaz de someterla a mi plena servidumbre. Con perseverancia y tiempo lograría que obedeciera a mis mandados a cambio de comer de mi mano. Sería, sin duda, la envidia de todos mis amigos. Sin embargo, a pesar de tanta habladuría de que domesticarla hoy en día, como siempre, aún es fácil empeño, resulta todo un fiasco. Tal vez me faltaron suficientes agallas y experiencia a la hora de intentarlo.

Resulta que es extraña y exótica, de pelaje y linaje nada claro. Con total osadía se muestra despierta y altiva, grácil en sus andares. Harto picarona en su mundo, abriga su cuerpo menudo entre plumas de colorido raro y campa a sus anchas sin dirección, ni dueño. Va a su bola. Pasa de mí. No hace ni puto caso. Ya, vencido, no la digo ni pío. Vilmente, me tiene tomada la sobaquera y lo sabe. A pesar de los pesares, a mi linda cotorrilla, mi mascota, mi animal de compañía, la quiero más que a nadie.



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¡Vaya, por Dios¡

15 de December, 2008

Jesús, el de Galilea, se hizo hombre para luego vivir como Dios. Los celestes asesores de imagen prepararon para el alumbramiento un más que modesto pesebre sin necesidad de acudir a un millonario decorado del Barceló de la época para ornamentar el portal de Belén con cúpulas ambiciosas. Era cuestión de presentarle como el Salvador, - con apariencia de Rey de los pobres- y lo consiguieron con creces. Eso sí, Reyes llegados de lejos le trajeron sus presentes. Era cuestión de hacer honor al coetáneo de estirpe que habitaba entre nosotros. El caso es que tal acontecimiento supuso – para ese pueblo judío acostumbrado a las plagas y holocausto- la sangría de una incomprensible cantidad de niños inocentes sin nombre que aportar a la Historia. ¡Vaya, por Dios¡ Con el tiempo – ya mozo- se fue de entre nosotros sin dejarnos en Paz.

Como si hubiera llegado a la conclusión de que nos las apañáramos los humanos, nosotros solos, dejados de la mano de Dios. Cómo si el hombre hubiera llegado a la conclusión de que este era un mundo sin remedio, mundo civilizado donde al día de hoy – solamente en Latinoamérica- aumentan los niños explotados en 228 cada hora, sin que nos afecte el sonrojo.

Sin ir más lejos: los hijos de Judea – ese pueblo condenado a vivir errante por el mundo como pueblo sin tierra- tras seis días de gloria de los ejércitos del Tsahal – en aquel paseo militar sin precedentes de las fuerzas hebreas que tuvo su inicio el 5 de junio de 1967- extendía sus dominios ocupando el Sinaí egipcio, la franja de Gaza, Cisjordania, la ciudad vieja de Jerusalén y los Altos del Golán sirios. Fue el principio – al que no se le ve fin- de hostilidades donde no faltan los niños que caen como moscas o – en el mejor de los casos condenados a vivir en un seno familiar mutilado y alimentado por los odios. Ni que decir tiene que se nos ponen los pelos como escarpias a quienes vemos con asombro – cuando los vaivenes de lucidez nos dejan- cómo tres millones de niños –entre seis y catorce años- son explorados laboralmente en México. La noticia suaviza desde el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, donde se destaca que, de 1998 a 2003, el índice de los Derechos de los Niños mejoró de 4,68 al 5,71 – sobre una escala de 10- en ese país que tanto nos ha hecho reís con la moralina del estrafalario Cantinflas. ¡Se nos debería de caer la cara de vergüenza¡ Al igual que por el incremento que en los últimos diez años sufre la población de las favelas brasileñas donde, hacinada sin agua potable y sin luz en la pobreza extrema, hay niños que son abatidos como ratas por el pecado de haber nacido entre la miseria.

Situémonos en África, donde se vive un infierno. Con esa conflictividad interna que desencadenan los conflictos étnicos en la región de los Grandes Lagos. Con miseria a mansalva en las Regiones Subsaharianas, aunque los magnates exhiban toda clase de lujos. Con el Congo sumido en una guerra de etnias por gestionar la pobreza, donde nadie se atreve a hacer balance de sus muertos, mientras vemos a madres y niños hacinados en campos de refugiados. Sin olvidar que, en el llamado Cuerno de África: Etiopia vive en constantes revueltas, Somalia sumida en una guerra civil que desde el 88 sigue en curso, con Eritrea sufriendo constantes disputas. Y como de humanidad andamos escasos, basta decir que 300.000 millones de dólares se llevan gastados en conflictos en este continente, en vez de emplearlos para matar el hambre que tanto acucia. Sólo queda esperar que Barack Husein Obama – aunque sólo sea por coincidencia en el color- se apiade de ellos.

Para qué seguir con otro continentes y enclaves –léase Afganistán o Irak- donde la humanidad incomprensiblemente degrada su condición de animal, ya que – con ayuda o sin ella – es capaz de destruir a su propia clan, a su misma raza.

Sigamos pues, cantando por el chiquirritín que ha nacido entre pajas “chiquitín, chiquitito del alma”. Continuemos una Navidad más, aclamando gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad. Paz que creo que alcanzara a menos afortunados que premiados con el gordo de la Lotería Nacional. Y pese a todo: Feliz Navidad. Que al pensar en los deseos de un próspero año, os juro, que me entra la risa.



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Crisis postvacacional

25 de September, 2008

Da tumbos el estío y con los últimos ramalazos de la FIESTA –con mayúsculas- nos damos cuenta que al reiniciar la normalidad de nuestras vidas tenemos hecho polvo:  cuerpo, espíritu y bolsillos. Conclusa la tregua de nuestro homenaje al asueto, como conejito de Duracell agotado no hay quien renueve espíritu para afrontar el nuevo curso de la vida aunque la mochila la carguemos de esperanzas. Más queramos o no, no nos queda otra que apechugar con lo que nos depare el azar, nos sorprenda el destino  o tengamos a priori prescrito en nuestro particular cuaderno de viaje que marca itinerario a través de la senda, camino del calvario cotidiano.

Se acabó el veraneo que este año, sin que sirva de precedente, - Dios así lo quiera- por mor y gracia de la crisis hemos empleado para reactivar relaciones con las amistades de siempre: la familia que no olvida, amigos/conocidos que nunca faltan con algún refugio de mar o de montaña, la suegra que en el pueblo nos agasaja con la hogaza y chorizo de crianza, esa mujer que con los años agrió el carácter pero nos acoge con los brazos abiertos aunque en una de sus manos lleve un puñal, para en el abrazo, recordarnos sutilmente que no es correcto mantener el estado de dejadez del que hacemos gala y nos impide colmar de atenciones a su hija del alma. Ella es consciente –sabiduría popular que la asiste a raudales- que no están los tiempos para malentendidos amorosos que tanto place a los letrados. Opina que en estos tiempos de modernidad no acabamos de ser conscientes de que la formalización de una quiebra sentimental para los no pudientes – salvo honrosos casos, que de todo hay en la viña del Señor, aunque poco mirlo blanco esté al alcance de ser tomado como reconfortante presa- resulta ser losa desplomada sobre la economía de subsistencia que ya no permite ni a uno ni a otro levantar cabeza de por vida. Y mira que tiene razón la jodida.

Ahora, terminados los encierros, nos esperan las cornadas de la vida, para los que debemos tener disponible el quiebro posible a nuestro alcance que nos libre de la anunciada cogida. Y acallados los fuegos de artificio, retumban cual trompetas de Jericó amenazadoras salvas en nuestros tímpanos cargadas de irritabilidad, sensación de ahogo, tensión muscular, vació, insomnio… en ese “shock” por la frustración del regreso a la vida rutinaria.

Dice mi psicólogo que no hay que preocuparse. Que estoy bajo los efectos del síndrome postvacacional. Que todo obedece a un cambio brutal entre estilo propio de vida en periodo de holganza y el modo de obrar o proceder en casa habitualmente. Que es difícil cambiar de estar echado a la bartola a llevar con resignación la carga de los quehaceres. Que no hay mal que cien años dure. Que todo pasa y a todo uno se acostumbra. Pero que si el reencuentro con la cruda realidad supone un trastorno mental grave – él lo denomina “burnt out” o “de estar quemado” – está disponible para que acuda en busca de ayuda, que no dude en visitarle. Y si no, que mire mis bolsillos y si les veo vacios, adopte otra actitud ante la vida. Que tenga en cuenta que si logro el equilibrio por mí mismo, habré encontrado la llave de la felicidad.

No se hable más: tratare de seguir su último consejo.



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¡Viva el Eufemismo!

16 de June, 2008

Se achaca a Albert Einstein la frase: “Si tú intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre”. Vaya pues este escrito en tal sentido. Si el genio me deja. No sé. Sigo con Einstein: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Mes de Mayo. Me siento un capullo. Estoy como el tiempo: inestable. La culpa: una amenaza de quiebra de mi economía doméstica. Sobre mí se desprenden como chuzos, turbios nubarrones. Como decía mi abuela: no hay clara que no sea puta ni puta que sea clara.  Y así me va. Por mucho que digan los expertos, según todos los indicativos no hay bonanza en lontananza ¡Que Dios me pille confesado!

Veo la tele al mediodía. A los postres. No puedo evitar que se me revuelva el estómago. Digo yo que si no tendría otro momento para abrir las cartas. Todas de bancos. Seleccionadas de mi buzón entre folletos de propaganda.  Eso sí, a primera vista noto como gentilmente me tratan de distinguido cliente. Mas, la apreciación, hoy no alimenta mi ego. Tras comprobar el estado de mis cuentas me dan ganas de subirme por las paredes. El saldo resultante, aún sin hacer frente a todas las facturas que no cesan, es harto irrisorio. Mientras tanto, rasca que te rasca los bolsillos, que no tienen más que rotos. Pero el bueno del Ministro de Economía, para tranquilizarme, declara que no vivimos en crisis, sino en “desaceleración significativa”. ¡Ele sus cojones! Perdón por la expresión, señor Solbes. Supongo que una vez dicho, se habrá quedado tan pancho bailando el chiqui-chiqui en su piso de barrio de treinta metros, adquirido a sugerencia de la brillante Ministra del ramo. No me extraña que no sepa ni él, ni los suyos, lo que vale un café. Menos, lo que cuesta un peine. Dudo que los fines de semana vayan al supermercado a llenar el carro con la lista de ofertas de la mano. Y como tienen coche oficial, estoy en la absoluta convicción de que no necesitan fijarse en los precios que marca el surtidor cada vez que se visita al gasolinero. El hombre es tan atento y comprensible que hasta parece que me mira con cara de pena.

Los padres de la Patria tienen un morro que se lo pisan, sean del color que sean. Mientras tanto nos anuncian sus dádivas. Como los cuatrocientos euros a plazos por el triunfo en el último sufragio. A saber como nos lo cobrarán. Seguro que con creces. A través de impuestos, directos, indirectos y circunstanciales. Ah. Y la señora ministra de Defensa, mientras tanto, con 2500 euros más. Gracias al parto de esa hermosa criatura que seguro que vino con su pan debajo el brazo. Enhorabuena. Lo cortés no quita lo valiente. Yo, mientras tanto, dándole vueltas a mi declaración de la Renta. No hay manera de que me salga satisfactoria. El caso es que Hacienda somos todos y yo nunca llego al reparto. Al menos, de forma que lo note.

Los políticos son todos discípulos aventajados de Maquiavelo. Sin rubor nos venden humo con el mayor de los descaros. Lógico que no haya por donde hincarle el diente. Ahora resulta que la culpa de mis males económicos la tiene la construcción. Mira por donde: cuando ni por asomo pienso en comprarme vivienda. Eso sí, ahora que sabemos que los ricos también lloran, no olvidamos que mientras llenaban sus bolsillos a espuertas se callaban como putas. Mis más sinceras disculpas si se sienten ofendidas las trabajadoras del amor. No es mi intención. Y no hablemos del petróleo. Ahora sé porque los árabes se tapan la boca con turbantes: para escojonarse de risa. “Es que el mercado es libre” dice nuestro Gobierno. Por eso Cepsa y Repsol, con los que nos gastamos una pasta todos los españoles para que sean empresas competitivas, tienen beneficios netos que enrojecen al mundano contribuyente. No hay dios que les entienda. Espero que a ellos también les lleven los demonios.

Como estoy de un soez que no me aguanto, pensé en dejar las florituras literarias para ocasión más propicia  No obstante, ¡viva el eufemismo! No se engañe nadie. Si hay una guerra: ya no hay víctimas civiles, sino daños colaterales. En el mundo laboral: ya no se producen despidos, se hace política de flexibilización del mercado laboral. Actualmente: no hay crisis, más bien es desconfianza en los mercados. En los Bancos: no hay impagados, son fallidos. Si los ricos evaden impuestos es que protegen sus fortunas en paraísos fiscales. Si la fruta, el pescado y la carne se pone a cojón de mico, es que se produce un realineamiento de precios.

Y la vida sigue con el horizonte nebuloso. Que se lo pregunten a “mileuristas”, jubilados de larga duración o viudas con la pensión en su mínima expresión. Desde que nos vendieron el euro como bicoca, bien que nos joden  Pero actualmente es peor. Hasta el punto que llegar a fin de mes es toda una odisea Ni siquiera, en este mes de mayo, que escribo estas líneas, se puede decir con rotundidad que siempre que llueve escampa, cuando el agua amenaza llegarnos al cuello. Dirán que la primavera altera. No es mi caso. Sin embargo, como está en boga, puestos a recordar eufemismos se me ocurre que digan lo que digan los políticos, como no me convencen sus camelos, que se vayan a tomar por donde la espalda pierde su buen nombre. Seguro que ellos dirán de mí: con su pan se lo coma. También llego a la conclusión Albert Einstein: “Cada día sabemos más y entendemos menos”.



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Tinieblas

3 de April, 2008

Anoche
ha llamado a mi puerta la nostalgia
y la he dado aposento
en mi casa de las dudas
en la isla del miedo
donde ajada la pared de la memoria,
tabiquero muro maestro,
remueve sus cimientos
el oleaje borrascoso del recuerdo
que se esfuma como el humo del cigarro
que elevado hacia el cielo
lentamente va dejando las cenizas
reposando en el fondo
de mi ennegrido y vetusto cenicero.

Anoche
Oculto en la solapa de esas sombras
tejidas en la vida
con mis cervales miedos,
en el cajón del olvido
descubrí mis anhelos
celosamente guardados
entre el rugoso celofán del tiempo;
fueron sueños quebrados,
frustraciones de un presente pasado
a la espera de un futuro halagüeño.
Y ahora al alba del día que levanta
quizá la vida dispare una lágrima
exhale un suspiro y me declaro muerto.



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Recelos

31 de March, 2008

Recelos fue ganador en 2006 del acessit a poeta local en las XXXV justas poéticas Castellanas de Laguna de Duero

Cuando los pulsos normalicen sus latidos
y la razón subyugue a la locura,
con renuncia al olvido y veladas sospechas,
por los oscuros senderos del despecho,
sin destino aparente, iniciaremos errantes
una amarga y solitaria andadura
con la alforja cargada de callados lamentos
y la mirada inevitablemente lánguida,
falta del necesario atrevimiento,
para otear y descubrir en perdidos horizontes
la búsqueda de paz a nuestro desconcierto.

Maldito sea el pertinaz augurio,
zozobra que fustiga el sentimiento:
Lo eterno en el amor es un suspiro,
para siempre, significa lo siento.

Y sin mediar remedio, ni consuelo
sobre el nido de amor, hecho en baldío,
aflorarán espontáneos reproches
lacerando dos corazones rotos por la ausencia.
Y víctimas de nuestro propio enredo
haremos del amor un manojo de odios,
ramilletes de tallos de punzantes espinos
y enrojecidas hojas de perenne presencia
único ornato presente, de por vida,
a conservar en el mohoso jarrón de la nostalgia
presidiendo el lúgubre salón de los recuerdos.

Febril el corazón en sus delirios
de amor que nació sin conjetura
conforme se suceden sueños rotos
sufre el alma profunda calentura

Al paso de los años fraguaran nuestros tedios
marcados al compás de esa rutina
que amordaza y maniata los anhelos.
Y sin poder evitarlo, ahora me pregunto,
inmerso en soledad y desconsuelo,
si en aquel viejo café de la añoranza
donde pusimos esperanzas al ofuscamiento
enredó con nosotros el pérfido destino
o fue casual ese primer encuentro,
que anida presente en mi memoria,
cual fresco enmarcado en el recuerdo.

Sublime amor que ahora nos envuelve
en su manto de gloria y armonía.
Mañana al despertar: la soledad.
Y después ¿qué nos queda amada mía?

Y en verdad tú lo sabes amor mío
que la pasión dormita ya hace tiempo
entre cenizas de amor, otrora en llamas.
Y a pesar que en mi locura clamo al viento,
desde la nave que rumbo a mi deseo
me lleva a ti, sumido en sufrimiento,
cuando amenaza desatarse la tormenta
no lo puedo evitar. Tengo el presentimiento
que enderezar el timón resulta una quimera
e inmerso en mar de dudas y el barco a la deriva
es inútil remar a sotavento.

Etéreo es el amor, fugaz su llama.
Al albur de la pasión es ambrosía.
nace entre tempestad y luego calma
tras leve y azarosa travesía.



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Oculto en el velo de la alegoría

10 de March, 2008

Oculto en el velo de la alegoría, vuelvo a las andadas. Dudo que me lo pida el cuerpo, un tanto perezoso, pero acudo a la llamada de ese soplo amigo que alimenta mi ego pidiéndome que escriba. En tal sentido: sin pudor, intentaré hacer honor al elogio inmerecido. En pos de la concordia, mitigaré mi temple tentado a emborronar renglones con diatribas mordaces de difícil ingestión para tanto paladar exquisito que se estila. Capitularé a mis impulsos a la mínima duda. Tendré buen cuidado de modelar mi lenguaje y refinar mi estilo. Ya se –me precio de no ser un iluso- que lo que natura no da, Salamanca no presta. Más soy sincero: a modo de cuaderno de bitácora, he aireado el alma tantas veces, que a decir verdad, ahora presiento, que una gimnasia periódica como ésta: plasmar en un escrito esos impulsos que me inclinan a aporrear las teclas, liberará a mis neuronas de esa amenaza en ciernes de abocar en la atrofia.

Regreso a darle curso a mis suspiros. Con más genio que ingenio, trataré de urdir historias cotidianas. Quiero entonar sumido en el delirio, a modo de quijote, un canto al desahogo, pero sin pretensiones. No es mi misión ser adalid de esas causas perdidas que datan del inicio de los tiempos. Nadie se engañe. Es prudente llevar a cabo el empeño haciendo equilibrios sobre las propias mentiras, como el hábil acróbata, por un halo de gloria. Un consejo: En este mundo de locos, dar pábulo a la fábula, tan solo viene a cuento, si se aplica a posteriori su sabia moraleja.

Perdonadme. No estoy loco. Tal vez: ebrío. Os cuento. Juzgad vosotros mismos si es falaz el suceso. Fue día de elecciones y al término del recuento, me ha llamado un amigo. Es político de oficio. Pero en el lance no se jugaba nada, ya que tras esta noche, no influye el resultado para mantener su puesto. No obstante, era curioso su mensaje: en esta noche de gloria y desventura repartida, tenía la ilusión de hacerme partícipe del vaciado de una botella de Cacique, ron añejo guardada en la vitrina para las ocasiones. Doy fe de mi sorpresa. Él era del grupo de los vencidos y, sin embargo: ¡quería celebrarlo! Solícito acudí, en la intención de compartir el ahogo de su pena. No en vano es amigo: de los más allegados. Y entre sorbo y sorbo me dijo que se sentía obligado a celebrar la liberación de conciencia que produce el saber que son otros los que deben cumplir con las promesas que a bombo y platillo, sin sonrojo, todos han proclamado. Me recordó a La Bruyere, de quien en algún sitio he leído que dejó escrito: “Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien, ni sabiduría necesaria para cerrar la boca”.

Inexorablemente, al paso de los años, estoy curado de espantos. Sin embargo, se que todos buscamos refugio en la creencia de ser poseedores de ese don que, sometido a nuestros pareceres, nos hace vernos sabios. La mayor de las veces, a nuestras experiencias las damos un sentido de digno doctorado. Es más fácil mostrar fortaleza de ánimo que reconocer la evidencia de que nuestras pretensiones se mueven a nivel alto en el fiel baremo indicativo del fracaso. Pero en la desventura y en cada fase de nuestros avatares, a veces con dilatoria táctica, cada cual aplica su propia medicina e inyecta sus estímulos, echando los arrestos disponibles para seguir viviendo.

Al llegar a casa, sin perder tiempo, con el cuerpo hecho polvo y la mente confusa, accedo al teclado, abro mi página y con estas reflexiones, traté de cumplir con mi promesa de llenar, en este día, una página en blanco.



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